El aprendizaje independiente es un proceso de desarrollo de las habilidades cognitivas, psicomotrices y valorales donde el individuo asume la responsabilidad y compromiso de su propio proceso. Esto significa que toma la iniciativa de diagnosticar sus necesidades educativas, de elegir y poner en práctica estrategias de estudio adecuadas y evaluar los resultados de sus procesos y productos.

El aprendizaje independiente exige el desarrollo de capacidades personales en los campos de las actitudes, habilidades, los saberes y los procedimientos. Querer aprender, tener iniciativa para aprender, definir qué aprender, buscar cómo y de dónde aprender, tener idea de que se está aprendiendo y cuánto, saber evaluar o comprobar lo que se aprende y tener la iniciativa para transferir, para aplicar lo que se aprende a situaciones nuevas, son algunos de los indicadores de qué se tiene control del proceso de aprender.

Aprendizaje independiente es una forma de llamar a este proceso que se da dentro de la cultura del aprendizaje, aunque puede recibir otros nombres como aprendizaje autodirigido, autogestivo, aotagógico o de autocontrol. Lo importante no es el nombre sino lo que todos esos nombres connotan: La independencia del maestro, la iniciativa, el control personal, la conciencia de proceso y productos, la capacidad de reconocer avances, tropiezos, dificultades y formas de superarlos.

Para impulsar en el alumno el aprendizaje independiente se requiere una transformación, tanto del alumno como del profesor. Reconocer nuevos roles para uno y para otro. Saber jugar esos roles y desarrollar capacidades personales que se requieren, en uno y en otro, para impulsar el proceso dentro de una comunidad de aprendizaje donde uno sepa ayudar, apoyar y el otro sepa pedir ayuda, aceptar el apoyo. Pero también se requiere reconocer los procesos y características de un aprendizaje independiente y de la metodología para lograr. Presentamos aquí algunos elementos que ayudan a este reconocimiento.